Antes de que un niño/a sea capaz de sentarse a hacer deberes, existen una
serie de actitudes que pueden darnos pistas de lo fácil o difícil que le puede
resultar a nuestro hijo/a mantenerse sentado y atento a la tarea que está
realizando.
Algunas de estas actitudes son:
- La atención sostenida o la capacidad para trabajar durante largo rato en una misma tarea.
- La concentración o la capacidad para centrar la atención en algo al margen de distracciones.
- La memoria o la capacidad para recordar y repetir.
- La tolerancia a la frustración o si el niño/a continúa insistiendo en hacer algo, aunque en el primer intento le haya salido mal... a pesar de que le cueste conseguirlo.
Todas estas actitudes nos dan pistas de lo preparado que está nuestro hijo/a para
adquirir un buen hábito de estudio y también nos permiten insistir y trabajar
sobre los puntos débiles que podamos ver.
Estas capacidades se pueden trabajar, por ejemplo, a través de juegos,
cuentos o canciones.
1. Preparar una zona de estudio.
Podemos destinar una parte de la
habitación de nuestro hijo/a para ello.
Basta con colocar una mesa y una estantería. No es necesario que sean muy
grandes pero sí que le permita tener sus libros, apuntes y material escolar
ordenados.
Si no fuera posible hacerlo en su propia
habitación, podríamos ubicar la zona de estudio en otra parte de la casa
siempre que invite al estudio. Sí es importante que sea una zona
determinada y que esté siempre disponible.
Utilizar la mesa de la cocina o del comedor puede ser complicado, ya que
tienen también otras funciones y pueden no estar accesibles en el momento
necesario.
2. Buscar el mejor momento para
estudiar.
Aunque lo más habitual suele ser después
de la merienda y antes de jugar o ver la tele, los expertos recomiendan hacer
los deberes o estudiar primero y después realizar una tarea agradable
para evitar que los niños/as asocien la idea de estudiar a un "castigo".
El tiempo que un niño/a tiene que dedicar a sus deberes depende del volumen
de trabajo que traiga desde la escuela, pero hay que tener en cuenta ciertos
límites.
Mientras estemos en los primeros años de
educación primaria no deberíamos exceder nunca los 60 minutos-90 minutos, tiempo más que suficiente para terminar las tareas.
Si nuestro hijo/a no es capaz de terminar en este tiempo, probablemente
tendríamos que trabajar sobre los requisitos previos para mejorar su eficacia.
3. Asentar la rutina de estudio.
Conseguir que nuestro hijo/a sepa estudiar (problema de la gran mayoría de niños/as) y lo haga de forma exitosa no es
tan difícil como imaginamos.
Se trata de que
sea constante en sus trabajos y una vez que los niños/as ven que en casa y en
el colegio se les valora por esto, las cosas suelen ir rodadas.
Por ello hacer deberes o estudiar se
debe convertir en un hábito diario y no cuando a los padres nos interese. Tampoco tiene que convertirse en un
castigo para los padres, que creen que deben estar sentados en todo momento al lado de ellos/as. Enséñale a ser autónomo/a en el estudio y en el trabajo
¿Cómo ayudamos los
padres a crear hábitos de estudio?
La actitud que mostramos los padres ante las capacidades y actitudes de nuestros
hijos/as no pasan desapercibidas para ellos.
Es importante que los padres valoremos
su capacidad de trabajo en su justa medida. Por un lado, debemos
animarles a estudiar y facilitarles las cosas. Pero no debemos olvidar que
los niños/as son algo más que lo que consiguen a nivel académico. Las notas no son lo único valorable en
su conducta, hay multitud de cosas que se les puede valorar positivamente y le van a ayudar a tener un buen autoconcepto de ellos/as mismos/as y esto lógicamente también repercutirá en su estudio.
A los niños/as, las rutinas les dan
seguridad y les ayudan a moverse en su mundo. Conseguir que se sienten
todos los días a hacer deberes puede ser algo costoso al principio pero, una
vez que lo consiguen, debemos ayudarles a que se convierta en costumbre.
Si la vida de los adultos que tienen alrededor es desordenada o poco
rutinaria, les costará más crear el hábito de estudio. Los padres
trataremos de interferir lo menos posible en la rutina de los niños.
Por último, sólo queda como padres, reflexionar: ¿Lo estamos haciendo bien?
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